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REFORMA O REVOLUCIÓN

Max Murillo Mendoza
En los años 70 y 80 del anterior siglo, se discutía en las academias y las universidades dos posiciones sobre lo que se respiraba ideológicamente entonces: reforma o revolución. Es decir, maquillar al Estado con algunos parches a nombre de cambios, como democratizar algo más hacia abajo de la escala social, o tal vez algunas migajas más para las mayorías pero sin mover nada de las estructuras del Estado. Y la otra posición: cambiar todo radicalmente, a lo ruso, a lo cubano o chino, cuando la revolución tenía algún sentido en los imaginarios de aquellos años. Debates que suponían posiciones de vida, incluso en la pequeña burguesía, posiciones ideológicas que eran también miradas en lo ético, en lo coherente frente al compromiso con los más pobres y marginados de la historia.
Después del fracaso rotundo de la “revolución democrática cultural” de rodillas, podemos afirmar con contundencia que los mandarines de esa “revolución” sólo eran reformistas; no revolucionarios. Jamás se creyeron el patria o muerte, sino como pinta de café o discurso universitario de farra. Porque al primer grito de los gatillos, salieron corriendo del país para cuidar sus negocios bien trabajados. No eran los cubanos como en Bahía Cochinos, por ejemplo, donde sí se quedaron a defender su patria con su vida misma. Lo nuestro era otra vez copia mal hecha, sin consciencia de clase y revolución. Las clases a medias poco originales, copiaron esas consignas de la revolución cubana; pero tan mal que la evidencia fue absolutamente clara.
Debe quedar claro que el término revolución pertenece a una época concreta, donde su necesidad era prioritaria como respuesta a las circunstancias históricas de aquellas épocas. Otra cosa son los resultados en que acabaron, de lo que ya se gastó mucha tinta. Pues la revolución era una alternativa a los descalabros sociales y las injusticias a nombre de ideologías foráneas, e intereses lejanos como la guerra fría. O los clásicos grupos delincuenciales oligárquicos, que asaltan el poder cada que quieren llenarse la chequera otra vez, a lo largo y ancho del continente Americano.
Pero, referido este pequeño texto a los “revolucionarios” que acabamos de ver estos años, sólo eran reformistas. Unos reformistas con boinas y cánticos revolucionarios, que ni siquiera reformaron bien al Estado colonial. Sólo le dieron cemento y ladrillos, sin contenidos en nada de cambios, o al menos reformas profundas. Unos reformistas, obvio, que venían de distintos partidos políticos como el ADN, MNR, NFR, MIR y otros tan conocidos en la historia criolla. Semejantes personajes que los mandarines y dueños del partido gobernante, pensaban que se habían “convertido” al proceso de cambio. Los negocios gigantes se disimulan bien y se encubren bien con el manto ideológico. Eso sucede aquí y en todos lados del mundo.
En ese proceso se impusieron los Reformistas, sobre los poquísimos revolucionarios. Me refiero a las cúpulas, porque las bases y masas jamás deciden nada. Aquellos que tenían pánico a los indios, a los campesinos y sectores empobrecidos, convencieron a los mandarines para que no se cambiará nada; pero perfumaron en lindos documentos el proceso, para los discursos y los homenajes de rigor. Probablemente, ahora, nuestra constitución sea en el papel el más avanzado del mundo; sin embargo, no sirve de nada porque nadie cumple algo de ese papel y nadie hace caso a sus mandatos. Nuestras bibliotecas y archivos están llenos de bellos textos, testimonios y leyes; que sirven sólo para el recuerdo de unos escribidores de temporada.
Los Reformistas del proceso de cambio, no tenían idea alguna del destino de este país, de sus imaginarios y de sus frustraciones. Tan confundidos estaban, que pensaron que Bolivia era la Rusia zarista de principios del siglo XX. Y que las masas en las calles y en los show de los mandarines eran suficientes para cambiar el destino de la historia. Que entregando edificios de lujo, comodidades como en ningún gobierno anterior, y atenciones varias económicas, el ejército estaba “convertido” al proceso de cambio. Arte de magia moderna al servicio de los caprichos de la cúpula. Lecturas por demás trasnochadas, sin análisis de gente más preparada y estratega en temas de Estado.
Los Reformistas se impusieron y profundizaron un Estado extractivista y dependiente, totalitario con la sociedad civil, estatalista respecto de los grupos marginales sin construir alternativas en la economía, en la ciencia y en todos los otros campos urgentes de cualquier sociedad. La ausencia de intelectuales, pensadores y cientistas sociales en esas filas del proceso, les permitió ser implacables contra la crítica, contra las otras posibilidades en la sociedad civil. Los Reformistas pragmáticos fueron los que al final mandaron hasta el fracaso mismo de esa “revolución” de rodillas.
Oportunidad perdida y debilitada con los años, que aprovecharon los adversarios también sin ideas en nada; pero con la corriente de las masas desgastada, engañada y traicionada en su confianza hacia los mandarines del proceso. Hoy el debate Reforma o Revolución ya no tiene sentido alguno. Hoy el debate es Capitalismo o Cambio de Paradigmas. Esta oportunidad en la crisis del sistema capitalista, sea para el retorno a lo nuestro: Pacha. Cambio total y regreso a la naturaleza, de donde nos sacaron con espejitos brillantes a nombre de la modernidad. Y hoy vemos los resultados de esas promesas. ¿Qué más tenemos que pasar para darnos cuenta, por fin?
La Paz, 25 de abril de 2020.

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